27 de diciembre de 2015

día normal

Después de un rato mirando el reloj para que sean las doce, el viernes voló como arena entre mis dedos. Ese deseo que no paraba de hablarme al oído se volvió tangible, una estrella fugaz que pasó y me dejó feliz. Un diciembre que está volando y me asusta un poco, un mes de enero que me espera con mil oportunidades, como siempre.
Diciembre, tan rápido y tan intenso como siempre, el vacío y las ganas de completar cosas que me vienen avasallando hace tiempo, se multiplican por montones. Querer escuchar una canción mil cuatrocientas veces y encontrarle significados nuevos. Una calle desierta, en un lugar desierto. La luna que me abrazó todo el fin de semana, noches que no tenían final hasta que yo lo quisiera. ¿Qué hago con todo este vacío y ansiedad que me aquejan? Ah, sí. Ya sé. Le pongo música. Ya lo hice. Y viene mi respiro caminando muy despacio.

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