13 de febrero de 2015

Esa estrella me guía.

Impulsiva, hablo bastante (por no decir mucho) y más simple de describir de lo que me gustaría o quisiera.
El hecho de no dormir me trastoca la rutina, que dejó de existir hace poco. Ya la extraño, o no. Extraño tener alguna razón para ocupar mi cabeza. Que no se sienta el vacío de no hacer nada "productivo" y sentir que estás cada día más cerca de tu deseo más profundo.

Las ideas se escurren en mi cabeza de manera tan espontánea que resulta muy difícil manejarlas. Un llanto en pleno ómnibus no estaría siendo una buena señal. El hecho de ser efímeros me respira en la nuca, mal momento para pensar en eso, ¿por qué si la gente con 87 años no se preocupa por eso yo debería hacerlo?

Es un miedo real, que se vuelve tangible a cada segundo, jaja, pero si vamos al caso cada segundo es efímero, si pensamos fríamente en eso, terminamos (termino) enchalecada.

Cómo los gatos se dan cuenta de los cambios de humor de uno, es algo increíble. Más acompañada por ellos que nunca, encaminada hacia lo que quiero, esperando que se escurran los días, con menos ansiedad que antes o más dispersa. Por suerte.

Por suerte tengo a mi estrella brillando que me da un par de guiños cuando la cuerda ahorca y no sé soltarme.

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