9 de febrero de 2015

Delirium Tremens

Cuando las cosas parecen no tener mucho sentido la paz es difícil de encontrar.
Caminar y saber que el destino no está en tus manos, que lo importante está supliendo a lo urgente.

La concentración se pierde en la inmensidad de la noche. Despertarme con malestar es algo tan común que dejó de alertarme.
Archivando todo eso que me hace mal, qué más quisiera que ponerme en blanco y olvidarme.

No, no estoy mal. Estoy bien, eso creo. Fantasmas que me recorren el cuerpo blandiéndome como a una espada. Al final, llegó el día. Los temores toman lugar protagónico. Buscando respuestas para algo elaborado mentalmente.

Quizás la impulsividad tenga respuesta en lo incierto, hasta la existencia es un riesgo. Nunca se sabe, podés estar respirando ahora, y mañana morir.

Así de caótico es todo, así de imprevisto.

Lo que resulta incómodo es pensar tanto las cosas y que se mantenga todo impávido, soy un engranaje dentro de un reloj.

Las relaciones interpersonales requieren necesariamente un otro, ideal o falible, porque, "Puede fallar", dicen.

La única pregunta que rige mi cabeza es: ¿fallará?

2 comentarios:

Ay, Georgina ¡qué bolazo! dijo...

Hace días pienso en qué loco que racionalizar tanto lo que una siente. Se hace una caos increíble en la cabeza, y llega un punto que estamos sumamente concientes de lo que pasa, de lo que sentimos y seguimos sin poder tener el control de las situaciones. A veces me parece genial, otras, me parece un error increíble tener los pies sore la tierra así. En fin.

P.S: Como anillo al dedo tener que confirmar que no soy un robot para comentar.

Ay, Georgina ¡qué bolazo! dijo...

¿Se nota que mi teclado anda para el toor? Mal yo que no releí.

¡No soy un robot!