17 de enero de 2014

ninety

Fin de la calesita. Fin de Las Vegas. 90. 90 días para analizarme. O no, por qué habría de hacerlo. Esa es la etapa anterior, de los cuestionamientos, de la autobronca que todavía no despegué de mí. El autoboicot es una mentira, cada elección es crecimiento. Poder evolucionar los sentimientos es la forma de autosuperación de las especies que Darwin no tomó en cuenta, porque... es demasiado dificil. Es difícil no sentir. Es difícil no autojuzgarse (y seguro es la vara más alta) para  mejorar. ¿Que últimamente cumplí mis más ansiados sueños de un tiempo pasado y quizás idílico? Sí, a veces creo que mi vida es un trazado sin curvas, recto. Pero después me despierto con el sabor extraño de un deja vú en la boca, sabiendo que mis sueños me estaban comunicando mis posteriores caminos. O no, y simplemente son trampas del cerebro que, vuelve a hacer autoboicot.

Maldita idea la del autoboicot, si al final todo parece ser mucho mejor de lo que planificabas cuando iniciaban los 90's. Cuando recién empezabas a caminar. O a nacer.
Sorpresas a roletes, los cuestionamientos no me abandonan, pero los tomo para brindarme impulso y convicciones, hámster mental, morite.

Saber o no que mis amigos (y algunos ya no están) estarán es lo que me hace habitar en arenas movedizas.
Pero no abandono la idea de la sorpresa, que los 90 sean 91, 180, 270 y miles.


Siempre puede haber un "pensé que podía haber pasado algo entre nosotros" que me descuelgue la cabeza y me transporte al ¿Qué podría haber sido?. O no.