11 de setiembre de 2013

Escondidas

Estabilidad. ¿Qué es lo estable? ¿De qué me sirve? ¿Para qué quiero ser estable y predecible si lo que me hace latir el corazón es eso, inesperado, latente?
El vacío se apoderó de mí, una vez más. Situaciones planteadas en mi cabeza se presentaban una, tras otra, tras otra. Lágrimas. Sé qué está mal y qué está bien. Encerrada, en ese lugar que me da paz. Escondida. Y los demás, ni lo intuyen siquiera. Mi cabeza viaja en muchos sentidos, una ciclotimia muy importante. Lágrimas, risas, estupidez. Tonterías. Como siempre. Un abrazo es tan necesario que asusta. Pero no estaba ahí para mí. Las expectativas son demasiado altas, entonces viene la decepción, seguro. No hay que esperar nada sino de uno mismo, aunque suene muy a frase hecha, para sorprenderse con los resultados.

No tengo nada que esperar de vos, ni de mí. Simplemente dejar fluir los hechos, y que no afecten. Pero... ¡no es tan fácil! Igualmente, ¿qué pierdo con intentarlo? Dicen, que las personas se cruzan en nuestra vida para enseñarnos algo. Todavía  no descubrí la enseñanza, pero ya lo haré.

Lo seguro, lo estable, lo que me da certeza, es lo que me mantiene segura. Sin embargo, siempre se intenta complicar un poco, sólo para sentirnos un poco más... vivos. Por suerte la certeza no se va de ahí, del lugar que tiene que ocupar.

Ahora solo restan dos elementos: tranquilidad y espontaneidad.

We'll see.

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