3 de agosto de 2013

Sencillamente

Caminar sin rumbo. Saber que lo que pienso no tiene fin. Es asfixiante. Se desborda dentro de mí, un maremoto de emociones, un huracán que arrasa con todo dentro de mi cuerpo.
Saber que soy una mina de sentimientos impulsivos no ayuda para nada. Verborragia, estupidez.
Caminar entre la gente que abunda en las calles, no tener una razón para continuar caminando, y callar la voz interna que quiere patear el tablero y que las fichas se acomoden solas. Nunca escucho a mi cerebro, pero tengo que escucharlo, estoy bordeando la locura.

Enfermedad. Verborragia. Estupidez. Cancelar, cancelar, cancelar.
Ya no hay vuelta atrás, manejo como puedo este huracán que explotó dentro de mí.
Jugando con fuego.

1 comentario:

Yo dijo...

¡Calmate! En serio, sos muy estructurada, tenés razón. Yo creo que el problema realmente no es que no escuches a tu cerebro, sino que lo escuchás demasiado y no le das pelota a tu corazón. Tenés que bajar un poquito a la tierra (o, mejor dicho en tu caso, volar un poquitito).