2 de agosto de 2013

Cambios, ruina.

Sensibilidad a flor de piel. No sé, me conduzco por la vida sin pensar mucho, los deber ser y estar me tienen un poco, estoy pensando seriamente que termino haciendo algunas cosas sin importancia o no haciéndolas por el dichoso qué dirán. 

Volver de Argentina fue un antes y un después. Yo ya sabía que iba a suceder. Escapar nunca es la solución.
Pero un paréntesis me ayudó a ver esa situación asfixiante desde lejos, teniendo que retomarla después de que termine julio. Viendo los problemas en perspectiva, resulta irónico que cuando los veo, me resultan muy complejos de abordar. Un iceberg.
Ahora los miro, y, continuando con la analogía, son un cubito de hielo minúsculo a medio derretir.

¿Por qué? Porque encontré la manera de desviar mi atención hacia otros aspectos de mi vida, irónico, aquello que ni me importaba antes ahora es tan fundamental. Los cambios en la vida son así, dicen, ¿no?


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