24 de julio de 2013

Respuestas y encuentros

Era tan obvio. Los problemas que generé lejos, estando cerca, muy cerca, tanto que casi siento las llamas quemándome, se agigantan como si fueran un pan leudante. No sé. Estaba ciega dentro del tren, al pasar unos días, pasé por exactamente el mismo lugar y estaba ahí, con sus múltiples carteles indicadores.
Un tren. La misma velocidad que mi mente. Paranoia, lugares desconocidos por todas partes. Millones de pensamientos, ¿Qué sucedería si bajo antes? ¿Y si me equivoco de estación? Paranoia, y que cuando sucede una torpeza no suceda nada de lo que mi mente imaginó. Es loco. Mis sueños se tornan reales, hasta que sueño algo que quiero realmente, siempre pasa igual. Quería estar en Argentina, ahora estoy, y sueño con estar en Uruguay. Qué locura. No, en realidad es un intercambio de energías que sucede en mí. Si estaré pensativa que me contesto mis propias interrogantes. Aprendí de tanto caerme con mis propias espectativas, metafórica y fácticamente hablando, que bajé las expectativas a menos 40. Me resigné a creer que podía cambiar aquello que es impuesto. Quizás me aburrí de pelear. Quizás me alcanza y sobra con estar lejos, estar sola con mis pensamientos, que nadie sepa con exactitud los delirios de mi mente, porque ni yo los sé. Irónico, un sentimiento de vacío enorme en un lugar que no tiene ningún vínculo dramático conmigo. No sé. Estar aislada me lleva a no disfrutar los momentos simples. Me absorbe mi mente y, de ahí, no hay quien me saque. De hecho, si no estuviera absorta en mis pensamientos quizás ni escribiría estas líneas, por la multiplicidad de intepretaciones que podría tener. Después me doy cuenta de lo rebuscada que soy escribiendo, al fin y al cabo escribo como un recordatorio de mis sentimientos. Ni más ni menos que eso. Bordeo el ¿Qué estoy haciendo acá? y... comienza a sonar en mí...
Si el tiempo volviera atrás, Lo haría todo otra vez.

1 comentario:

Yo dijo...

Siempre está bueno hacer un cambio de aire por unos días. La realidad nos abruma y nos encontramos siempre en una rosca interminable de problemas, situaciones y pelotudeces. Irse un tiempo sirve para zafar un rato.