4 de mayo de 2013

No estoy de humor, creo.

A veces me pregunto de donde nace el "mal humor".
Ayer, por ejemplo, estaba esperando un bondi, y un señor con una bota grande me miraba ceñudo, y yo no observaba sus pies con diferente altura, miraba a ver si venía el bus en sentido contrario, para saber si demoraba mucho en venir el que yo esperaba.
Insultos. Más insultos, a los dos buses que pasaron, llenos, y no pararon.
Digo, yo me reía de él mentalmente y cantaba para mí: "No te enojes si llueve, que las gotas no duelen".
Pero insistió tanto que me fui, corriendo, y escapé de su malhumor. Por esto, perdí el tercer ómnibus.

Me reí de su malhumor y la vida me generó... ¡mal humor!
No sé si sería karma, o lo que sea, peero... cuestión que llegué media hora tarde, mojada, y de mal humor a la facultad.

¿Lo bueno? Llegué y fue la primera vez que agradecí estar ahí, con caras conocidas, hablando de un tema agradable, amigos, en fin.

La rutina con lluvia no está tan buena, pero a veces las pequeñas cosas son las que alegran el día.

¡Saludos!


1 comentario:

Ay, Georgina ¡qué bolazo! dijo...

No hay nada mejor que un mal día, para que el mejor pequeño detalle pueda contrastar!